Así se titula una de las muchas obras del fallecido Paul Ricoeur. Parte de este texto lo utilizaba en clase para analizar el concepto de lo que llamamos progreso.
Muchas veces satanizado (así como lo leen) y otras veces sobre exaltado, el progreso es sólo una medida de la calidad humana. Nuestras herramientas son signo de ese avance y acumulación de ciencia y técnica. Pero el uso (moral e intelectual) que hacemos de las herramientas (frutos del progreso) es algo que se debe valorar en un plano moral y no meramente en lo técnico.
Me explico: Hace unos días (y ya son varios de “esos” días) recibí un correo cuyo contenido es un mensaje en cadena en donde se me advierte de no abrir un mail que se titule “Invitación”, no importando incluso su emisor o su nivel de urgencia. Esto me hace pensar acerca de la potencialidad que el uso del malwere (malicious software) tiene aún en nuestras mentes. Sí, en nuestras mentes ya que vivimos una especie de psicosis virtual relacionada a todo tipo de virus o programas que buscan aprovecharse de nuestra “identidad” interactiva.
Un par de cuestiones: ¿Cuándo fue la última vez que tu disco duro fue “fundido” por un virus? Por otra parte, ¿cúando fue la última vez que recibiste una cadena advirtiéndote de un virus y solicitando que reenvies el mensaje a todos tus contactos?.
De tal manera, el potencial de daño está en el alcance o sharing de las interminables cadenas. Ahí está el verdadero asunto en cuestión. Obviamente es un daño simbólico ya que de seguir así ningún correo será suceptible de ser leído por el miedo de abrir el contenido adjunto a él.
-ADM
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